Conoce la costa gallega de faro en faro

Recorrer la costa gallega tiene muchos atractivos y el turista curioso será capaz de descubrirlos. A las muchas opciones ya existentes se suma desde hace poco la Ruta de los faros gallegos, un recorrido de más 1000 km desde Ribadeo hasta A Guarda.

Un paseo con historia que está íntimamente ligado a la omnipresente fuerza del mar que circunda estas costas. Será por eso que los faros en Galicia son edificaciones tan arraigadas en su cultura como las construcciones celtas. No en vano en estas tierras aún se conserva uno de los faros más antiguos del mundo, La Torre de Hércules, que aún mantiene su utilidad.

Y es que, aunque muchos han cedido su espacio y su función, todavía quedan algunos que resisten el paso del tiempo como guardianes de la costa y guías del marinero.

Durante siglos, los faros anunciaron la cercanía del litoral, evitando que las embarcaciones chocaran contra los acantilados. Su luz intermitente salvó vidas y paisajes, y la morriña gallega se niega a dejarlos morir.

La mayoría de estos faros no tienen tantos años a cuestas como la Torre de Hércules, pero aún así, acumulan casi dos siglos, pues se construyeron a partir de la aprobación del Primer Plan de Alumbrado Marítimo, en 1847.

Poco varió la estructura con el transcurrir de los años. Constan de una cúpula o linterna, que es el cerramiento superior hecho de cristal y metal, que protege la luz del faro. Se apoya sobre la torre, que acoge al torreón, con la cámara de servicio. En esta estancia se realizaban todas las tareas de mantenimiento del faro y podía tener un balcón de observación. También allí hacía su vida el farero, pues en esta profesión no hay distancias entre el hogar y el trabajo.

En la base, apoyada sobre los escarpados terrenos de la topografía gallega, se ubican equipos de apoyo, como los grupos electrógenos.

Eso, desde épocas más recientes, porque los primeros faros usaron combustibles diversos para proveerse de luz. Unas maderas ardiendo fueron la primera opción, sustituidas más tarde por velas, carbón, aceite, petróleo o diferentes gases, con los consabidos riesgos que estos sistemas implican. Con la llegada de la electricidad, se eliminaron los quemadores de gas. De aquellos primeros cableados pocos vestigios quedan, pues las instalaciones eléctricas son ahora más complejas y eficientes y se alimentan de generadores o grupos electrógenos, que surten a las lámparas incandescentes.

En las balizas más importantes, suelen ser de tensión normal (100 a 250 V), mientras que en las pequeñas, así como en las luces de puerto, son lámparas de baja tensión (6 a 12 V).

Pero también hay algunos faros que se alimentan de energía eólica o de planchas solares, y en estos casos las luminarias tienen voltajes intermedios que van de 24 a 40 voltios.

En esta ruta por los Faros gallegos se podrá visitar el primer faro español electrificado. Ubicado en la Costa da Morte, el faro de Cabo de Villano, fue declarado de Interés Turístico Nacional en 1933.

Cuando comenzó a funcionar en 1896, la energía eléctrica era producida por dos grandes dinamos que, a su vez, eran activados por máquinas de vapor.

Hoy en día alberga el Museo del Faro, cuyo objetivo es divulgar información de la historia de los naufragios y de los faros de la Costa da Morte. Siete secciones permiten explorar otras tantas áreas temáticas: La fuerza de la naturaleza; Costa da Morte: mito y realidad; Mar y naufragios; Tipologías de los faros; Evolución de los faros; Los faros en a Costa da Morte y El Faro Vilán. Las exposiciones se apoyan con proyecciones en vídeo, piezas reales, fotografías y paneles con visores.

Este es apenas uno de los 44 faros que propone esta ruta, que puede dividirse por etapas o por zonas de interés si no disponemos del tiempo suficiente para, en un solo viaje, recorrerlos todos.

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