Finisterre, el final del camino

En el norte de Galicia existe una zona llamada la costa de la muerte en la que se mezclan los paisajes increíbles de acantilados verticales, olas que tragan naves, leyendas que vienen de muy atrás, desde, como se suele decir, los ancestros. Es una zona hermosa, de pequeños núcleos de población que destacan por sus gentes, cultura, gastronomía y creencias que mezclan lo sagrado y lo pagano.

Los peregrinos se van acercando a Santiago de Compostela y, cuando empiezan a vislumbrar las torres de la catedral de Santiago, saben que están llegando al final de un trayecto muy importante. El camino normalmente se recorre por un deseo personal, espiritual o ambas. Sin embargo, también se puede correr teniendo en cuenta la mística del propio camino.

Esta última, la mística, es la que hace que los peregrinos que optan por este viaje sepan que Santiago no es la última etapa del camino. La última, la realmente espiritual y mística, donde la leyenda termina, es Finisterre, es el lugar donde acababa el mundo y nadie habitaba. La costa de la muerte en la que los acantilados verticales parecen una barrera contra todo aquello que puede destruir al ser humano.

Así, los peregrinos que inician esa última etapa desde Santiago, han de hacer un último esfuerzo que supera los 150 km. Esa última ruta, esa última penitencia, si se quiere hacer completa, va hasta Muxia y baja hasta finisterre, creando una especie de triángulo entre Santiago y estas dos últimas localidades.

El final del viaje es el océano, la visión que tuvieron nuestros antepasados y pueblos anteriores a nosotros que, desde ese mismo punto, miraban como el sol se ocultaba tras el mar, tras las olas, creyendo en su realidad que, después de la línea del horizonte, en el infinito, no había más tierras. Finisterre era lo que separaba al hombre de la nada, al hombre los dioses. Esta y otras razones son las que hacen de este lugar, La Costa de la Muerte, algo diferente y único.

Originally posted 2016-01-15 11:18:13.

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